Quien elige acabados no consigue imaginarse el resultado: una baldosa en el catálogo y esa misma baldosa en su propia casa son dos cosas distintas. Los renders tradicionales llevan días de trabajo y cuestan cientos de euros por imagen. Las promotoras, por su parte, llevan a los compradores a la obra o les enseñan una maqueta.
«No me imagino cómo quedará en mi casa» es la objeción número uno al vender acabados y viviendas.
Los fabricantes de materiales, los interioristas y las promotoras necesitan una forma de enseñar el resultado final antes de empezar la obra: rápida, barata y convincente.







